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Burgos, razones por las que es Ciudad de la Gastronomía en 2013

domingo, 12 de mayo de 2013






Si hay una ciudad en España que aúna la historia y el buen yantar esa es sin lugar a dudas Burgos, Capital Española de la Gastronomía 2013. Esa ciudad de piedra que se abre al cruzar por debajo del Arco de Santa María, uno de los símbolos de la urbe y que deja a los ojos la inmensidad de su Catedral, también reúne todo lo necesario para la práctica del tapeo, en cantidad y calidad. La ciudad castellano-leonesa propone en si misma toda una aventura culinaria que complementar con la cultura. Así, uno puede empaparse en los muros de su Catedral, con sus portadas (especialmente recomendable la escondida de los apóstoles) y su interior (imprescindible la Escalera Dorada) y en el mito de Rodrigo Díaz de Vivar ‘El Cid’ (en cuyo interior de la Catedral descansan sus restos, junto a los de su esposa Doña Jimena, en un sepulcro justo bajo la línea del crucero).



                                    

Por si fuera poco, Burgos ofrece un mirador único en el mundo al que asomarse al pasado para observar nuestro pasado más arcaico, como es Atapuerca. Desde sus yacimientos, parte del Camino de Santiago, se puede realizar un viaje en la evolución del Hombre tal y como hoy lo conocemos, bien complementado por el Museo de la Evolución, situado a los pies del río Arlanzón, que divide en dos la capital burgalesa. Si a toda esta oferta añadimos la gastronómica, Burgos es un destino prácticamente perfecto.

Además, todo ello bien regado por los mejores caldos, ya que Burgos también es todo un templo del vino, con el 76% de los viñedos de la Ribera del Duero situados en la provincia. Así, si uno en Burgos no se puede perder su Catedral, su Monasterio de las Huelgas, su Cartuja de Miraflores o Atapuerca, tampoco se puede perder el lechazo y la morcilla.




Para el lechazo, lo mejor es ir a la zona universitaria -por ello recomiendo hacerlo coincidir con la visita al Monasterio de las Huelgas- y apostar por los Trillos (comida de primerísima calidad acompañada de vino de la casa en jarra de barro) o el Azofra, fijo que se saldrá saciado y satisfecho. En lo que respecta a las tapas, la apuesta en Burgos es clara, las calles Sombrerería y San Lorenzo. Allí ya se come con los ojos nada más entrar en cualquiera de sus bares y ver esas barras repletas de pinchos.





En Sombrerería, imprescindibles las bravas del ‘Mesón de Burgos’ y ‘El Morito’, donde se confirma que el bajo precio y la calidad pueden ir de la mano en sus copiosas raciones y espectaculares alpargatas. No se puede uno ir de Burgos tampoco sin pasar por ‘La Favorita’ (calle Avellanos) y degustar su pincho de solomillo con foie o el Royal (calle Huerto del Rey), con sus loas a la morcilla a través de sus tapas de concurso. Si se quiere algo ‘low cost’, la ciudad también ofrece la cadena ‘Pecaditos’, una especie de 100 Montaditos con varios establecimientos en el casco antiguo que ofrecen vino y cerveza a un euro y raciones y tapas muy económicas.





No os parece Burgos, una ciudad para comérsela y bebérsela? Os lo recomendamos para este 2013.


                           

Santiago de Compostela, una ciudad marcada por un camino

domingo, 24 de julio de 2011



Este 25 de julio es la fiesta de Santiago. Pero Santiago el Mayor, el patrón de España, para no confundir con el otro Santiago, el Menor o Santiago el Alfeo. Tanto para los que crean como para los que no, hay que reconocer que el fenómeno de Santiago ha trascendido más allá de lo religioso y espiritual para convertirse en todo un fenómeno sociológico cuyo germen parte del Camino de Santiago o Ruta Jacobea, sin lugar a dudas el primer gran reclamo turístico de la historia de un país como España, que luego ha sabido vender a la perfección sol, playa y fiesta. Y es que desde que, con el descubrimiento de la tumba del apóstol como llamada de atención,  peregrinos de todo el mundo comenzaran a hacer camino hacia Santiago de Compostela, se puede decir que no ha habido mejor seña de identidad para dar a conocer España que ésta.
Incontable la cantidad de peregrinos que año tras año recorren esos caminos en busca de la soñada meta de llegar a la plaza del Obradoiro para poder ir al encuentro del Apóstol Santiago y fundirse con él en un abrazo tras un largo caminar por senderos. Por no decir como esa cifra se multiplica en los Años Jacobeos, considerados desde que en 1122 el papa Calixto II los instituyera como así a todos aquellos años en los que la fiesta litúrgica de Santiago coincide con el día de domingo. El último fue el año pasado, por lo que habrá que esperar para el próximo año jacobeo hasta el 2021.
El Camino de Santiago sin lugar a dudas debe ser toda una experiencia desde lo espiritual, a la amistad (no hay posiblemente mejor manera de hacer buenos amigos que en el sufrimiento) y, especialmente, en lo gastronómico, con un recorrido por la mejor cocina de España. Yo reconozco que es una de las cosas que tengo pendientes de hacer y que, sin lugar a dudas, algún día caerá.
Pero de lo que si que puedo hablar es de la meta: Santiago de Compostela, una ciudad bonita y especial como pocas. Santiago de Compostela ha sabido crecer alrededor por y para su catedral y el Camino de Santiago, lo que la ha convertido en uno de los más importantes puntos de peregrinación cristina, junto con Jerusalén y Roma.

Su Catedral, con ese Pórtico de la Gloria del maestro Mateo que es toda señal de victoria para buen peregrino, unido a ese ambiente estudiantil de la ciudad, con una Universidad de más de 500 años de historia, hacen de la ciudad un lugar sin igual.
Si uno quiere respirar el ambiente del peregrino sentado en una mesa, que mejor que ir a Casa Manolo. Situado en un lugar privilegiado del casco antiguo (Plaza de Cervantes) es el típico restaurante donde se come muy bien a un precio más que aceptable. Sobre una carta con diez primeros y segundos a elegir, las abundantes raciones sirven para llenar el estómago del peregrino o viajero, que llegan con los pies casi descalzos y llenos de ampollas para dar fe de la buena comida del lugar como unos buenos pimientos de padrón.
Otra opción para conocer de primera mano el Santiago de Compostela de fiesta es embarcarse en la ruta París-Dakar. Para ello además no hace falta ni coche ni moto y por unos 20 euros en el bolsillo es más que fácil intentar ir de la salida a la meta. Esta es una costumbre de los estudiantes y se trata de una ‘ruta de bares’, con más de dos décadas de tradición, que lleva en su ‘complicado’ recorrido (recomendable además no conducir después) por los bares de la Rúa do Franco y A Raiña –empezando en el bar París y llegando a meta en el bar Dakar-.